Docamar es un sitio mítico de tapas en el barrio de Quintana. Lo primero que llama la atención es la gran cantidad de gente que lo visita: fuimos un martes y era increíble cómo estaba. Tienen un sistema de avisadores: pides mesa y esperas con el dispositivo a que haya una disponible. Al ir entre semana no esperamos mucho, pero sospecho que los fines de semana será muy distinto. Su fama de tener las mejores patatas bravas de todo Madrid hace que muchos, como nosotros, nos desplacemos para comprobarlo.
El espacio
Cuentan con terraza cubierta e interior de dos plantas. En la planta baja puedes tomar algo en la barra; en la superior, ya en mesa. Al entrar te das cuenta de la demanda de las bravas: hay botellas de su salsa por todo el establecimiento, que usan y venden sin parar. Cenamos en una mesa de la segunda planta.
El trato
Nos atendió un joven simpático que estaba de prácticas —me llamó la atención que iba identificado con una L de aprendiz—. Nos aconsejó y reafirmó la recomendación de las bravas.
Qué pedimos
Al pedir las bebidas, el camarero nos trajo la tapa de cortesía: aceitunas con un toque picante, estaban ricas. Después pedimos:
- Patatas bravas: la famosa salsa secreta de Docamar. Yendo con las expectativas que teníamos, nos defraudó un poco. Están ricas, con un toque ahumado y picante que las hace únicas —no digo que no—, pero esperábamos una salsa menos líquida y con más textura. Al día siguiente aún sentíamos su potencia.
- Flores de alcachofa: fantásticas. Buena materia prima, terminadas con sal Maldon, se deshacían en la boca.
- Chipirones a la plancha: de nuevo, buena materia prima y buena elaboración. Muy recomendables.
- Brioche de carrillera: carrillera melosa en pan de brioche con patatas finas. Bien.
- Tarta de tres leches: dejamos la de queso para la próxima y pedimos esta, que nos encantó.
En resumen
Docamar se ha ganado, merecidamente, su fama de sitio mítico. Eso sí, las patatas bravas —el motivo por el que fuimos— no llegaron a convencernos del todo. Volveremos.